Para mí todas las noches son tristes, pero sin duda esa que va del domingo al lunes me resulta especialmente lánguida, es como si mi mente no viera más que el abismo hacia la rutina del trabajo. Es como tener la tranquilidad en fase terminal, esperando la vorágine del mundo real, con todos sus problemas, con verdadero temor. Que jodida ocurrencia tuvo Dios con eso de trabajar durante seis dias para descansar sólo uno...quizás si hubiera sido ese Dios de los cristianos más eficiente, ahora tendríamos dos días de trabajo y cinco de fin de semana.
Son casi las dos de la madrugada, pero hago esfuerzos para no caer ya rendido en la cama, porque sé que lo proximo que sienta es el despertador llamándome a gritos para empezar otra vez la lucha, a veces sin sentido, a veces servil, pero nunca provechosa para mí...es sólo y unicamente rutina. Una rutina por la que hay que pasar para poder vivir; no sé si os dais cuenta que esa más de media vida perdida en unas tareas que sólo benefician a otros no está pagada con nada. El trabajo en sí se puede compensar con un poco de dinero, pero ¿quien nos paga la vida perdida, dada al mejor postor, por un plato de lentejas?.
Los marxistas hablaban de "la plusvalía", de esa parte del trabajo del obrero que no pagan los empresarios, que no consta en los papeles. Nos pagan un salario por trabajo, pero además nos deberian pagar otro, por ejemplo, por tiempo perdido; no soy comunista ni pretendo serlo, pero en eso creo que tenían razón.
Miro por mi ventana y veo Triana más triste que nunca. Los bares cerrados a una hora temprana, apagado el bullicio normal en las calles, con jovenes que van a los sitios de ambiente, con viejos que vuelven de cenar o del bingo, con padres que dejan a sus hijos a cargo de los serviciales abuelos para poder tener unas horas de distensión...todos ellos, todos, desaparecidos por arte de magia , como si esta noche atemorizara como un monstruo las mentes de los hombres y mujeres, forzándolos a recluirse en las casas, pensando en lo peor...en el despertador de la mañana siguiente.
Me voy, ya no puedo esperar más, la cama me ofrece todo su descanso como trampa, sé que me va a traicionar, lo sé, que en cuanto me acueste me hará entrar en un sopor del que despertaré sólo cuando llegue la hora trágica de la mañana, y ya será mañana mismo, sin pausa, sin descanso, sin calma, sin vida...sin mí.